DESVARIÓPOLIS, como su propio nombre indica, es una ciudad ¡Y que ciudad!
Es una ciudad que fue concebida para que vivan personas, todas apelotonadas y amogollonadas. Se construyó sin pensar por un montón pequeño de gente (digo pequeño por que ahora el montón es más grande; el tamaño es relativo, como ya sabemos) y fue creciendo sin ningún sentido hasta formar lo que ahora es; un grupo de edificios sobre un trozo de la superficie del planeta, en el que residen y existen personas (si es que se puede residir sin existir) que salen y entran, se saludan y no, se atropellan y se huelen mutuamente.
En esta ciudad todo es caótico. Los hombres son caóticos, también sus bigotes; las mujeres, los niños, los perros y los gatos son caóticos; también los churros que venden churreros; la leche con cacao es caótica, los papeles higiénicos, los orcos, los compresores ciberpunk y los sentimientos dulces solidificados. Es la ciudad del caos, en la que el alcalde es el caos que controla como a una marioneta al alcalde humano que podemos percibir.
Adentrándome en esta ciudad como un reportero que en lugar de grabar con una cámara lo hace con un lápiz, iré narrando los sucesos que en ella se suceden vividos por un grupo de seres miembros de esta fastuosa y delirante urbe. La ciudad es grande; pero mi tiempo y energía pequeños; así que por desgracia no podré grabar con mi lápiz los sucesos que le suceden a todos y cada uno de sus habitantes. Así que por suerte y no por merecimiento, los seres escogidos al azar por mí serán los protagonistas. Se les subirá el ego a la cabeza y se creerán estrellas. Pondrán en las sesiones de fotos las mismas expresiones que usa Victoria Beckham para expresarnos su superioridad imaginaria; pero no os enfadéis con ellos, pues son tontos para unas cosas y listos para otras.
No lo olvidéis, ni tampoco lo harán ellos; aquí el que manda soy yo. Cuando alguien se porte mal le amenazaré con el castigo de dejar de ser protagonista y volverá así a su carril (ojala pudiera hacer esto con los políticos).
Ahora me queda armarme el lápiz al hombro y empezar a recorrer las calles de Desvariópolis. Intentaré publicar lo que presencio una vez por semana, un día fijo que aún no he decidido. Intentaré que os gusten las aventuras que encuentre e incluso que os lleguéis a reír. Si no lo consigo me insultaré, me escupiré y me suicidaré borrándome a mí mismo con la goma de borrar, y no volveré a aparecer por aquí jamás.


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